poemas de amor Els camins de l'Exili: Diari d'un exiliat

dijous

Diari d'un exiliat

Diario 5: 25 de Enero de 1939

6:57 PM:

Todos temblamos. Hemos pasado ya La Vajol y estamos cerca de la frontera, de nuestra nueva vida, una vida con creces peor de la que teníamos, pero vivimos. Estamos al final del camino. Lo estamos consiguiendo. Todos. Mi hijo está más débil, sí, pero está vivo. Está luchando a mi lado y yo estoy muy orgulloso de ello.
Mi mujer ve cada vez la cosa mejor. Los hombres que nos salvaron la vida hace dos días nos dan ánimos. No nos quedan provisiones. Apenas algo de agua. Suficiente. Estábamos a unos kilómetros de cruzar la línea, una línea invisible que estoy seguro podría ver, sentir, notar un cambio en el aire, algo.
Mi hijo me dice que tiene hambre. Anda con dificultad pero con decisión. No lo dejo andar mucho: sólo lo justo para que no se le entumezcan las piernas, pero la mayoría del tiempo lo llevo en brazos.
Huelo mal, pero ¿acaso eso importa? ¿de veras alguien, en esta corriente de muchedumbre, es capaz de pararse a pensar que huele mal cuando está tan cerca del cambio, un cambio que desconocían para bien o para mal?
El frío me consume, pero debo aguantar unos kilómetros más, al menos para ver aquel cambio tan esperado.

8:45 PM:

La nieve ya casi se ha derretido por completo, aunque, claro está, la temperatura se hace más baja por momentos.
Mi hijo me dice que no aguanta, que necesita comer algo. Me parte el corazón sonreírle y decirle “ahora comemos, mi vida”, cuando posiblemente estaremos otro día sin probar bocado. Se me cae una lágrima. Mi hijo la observa caer con ignorante curiosidad hasta que resbala por mi mentón y cae a la nieve. Le sonrío otra vez y sigo caminando, pero llorando en silencio.
Mi mujer me tiene cogido de la mano y siento como me transmite fuerza y valor para seguir.
El sol hace un rato que se escondió. Cuando amanezca el nuevo día, ya habré pasado esa raya. Experimentaré ese cambio. No sé lo que sentiré, ni cómo reaccionare, pero no puede ser peor que lo que ya he sentido.
Ha sido un largo viaje, he sufrido demasiado y no pienso tirar la toalla ahora. Agarro a mi hijo con fuerza y estrecho la mano a mi mujer para transmitirle fuerza como ella me la transmite a mi. El final del camino está cerca. El horizonte es más cercano.
No sé si lo conseguiré, pero sí se una cosa: soy un hombre valiente y llegaré hasta el final.

(Fin de diario)